Cobra Gai

 Un compañero del laburo, me invitó a su casa a ver la más reciente temporada que salió de Cobra Kai. Por supuesto que acepté, ya que la serie la amo y no la pude seguir mucho porque no tengo la plataforma en mi casa. Tristemente.

 Entonces, llego a su casa. Me recibe. Me saluda. Me deja pasar. Paso. Todo un gran anfitrión es Osvaldo, ya que preparó una picadita, unas frías bien frescas y los pone sobre una mesita que está cerquita del sofá que está frente a la tele.

 Nos pusimos a hablar un toque sobre el laburo, ya que él faltó un par de días en la semana, a escuchar algo de musiquita y a ponernos al día. Todo esto, mientras abrimos la primer botella de una rubia y empinamos el codo un lindo ratito.

 Nos sentamos en el hermoso sofá verde que tenía el Ova. En la tele LED que tenía este muchacho pusimos netflix y ahí, la tan prometida temporada cuatro de Cobra Kai. Qué felicidad, al fin la volvía a ver. No lo podía creer.

 En mitad de temporada, me agarró calor. Eso me hizo querer preguntarle al muchachote, que se encontraba en su sexy musculosa, si podía ponerme más cómoda. Obviamente que él dijo que sí. Aceptó a permitirme refrescarme.

 Fue entonces así, que di un pequeño paso, me puse de espaldas a él y me saqué el diminuto short que me había puesto para aquella velada. La agachada que me pegué para bajármelo, hizo que casi pusiera mi culito entangado en su cara.

 El chabón, que intentaba por todas las formas el estar atento a lo que sucedía en su hermosísima televisión, espiaba por el rabillo de sus ojos para ver lo que sucedía, pero justo en frente suyo, a unos metritos de él, en vivo. No se lo quería perder.

 Increíblemente, en ese preciso momento, perdí el equilibrio mientras me encontraba de pie desnudándome. Sentía que no me podía sostener, entonces, cedí y así fue cómo colisionaron mis cachetotes contra sus partes pudendas.

 Mientras intentaba reponerme rápidamente de ese choque colosal (nunca mejor dicho), sentí que, este muchachote, tenía un paquetón importante entre sus patas. No lo podía creer, debía calentarlo de inmediato. No podía dormirme.

 Ahora sí, ya estaba de vuelta en el sofá. Sentada. Cómoda por el abundante calor que me invadió en el cuerpo y que traté de apaciguar con una velocidad inusitada, sacándome algo de pequeños harapos de tela que me sobraban.

 El tema con esto fue que, en lugar de sentarme como normalmente lo haría una persona común, aplasté uno de los costados de mis nalgas, dejando expuesta mi rayita para que algún mirón pueda chusmear todo lo que quisiese.

 No sé si fui clarita con la explicación sobre la posición en la que me senté, porque quiero que se entienda que esto ayudó a que el chabón se caliente muchísimo más. Fue un re incentivo, la verdad.

 Apoyó la yema de su dedo del medio y recorrió cada milímetro de algodón que cubría mi cola. Lo habrá hecho como cinco veces, hasta que dio con mi agujerito y ahí pudo adentrarse a mis profundidades más visitadas.

 Una electricidad excitante pasó por todo mi cuerpo. Fue tremendo. Me hizo sentir la más puta. Se notaba que ya tenía experiencia con culitos, sobretodo con uno tan juguetón como el mío.

 Ya estábamos re caliente. Al menos yo, sí. Él quería hacerse el que no, pero se notaba a leguas que la tenía re dura. Prefería manosearme la cola como se le dé la gana. Hacer lo que quisiese con él.

 Finalmente, terminó la temporada. Ova quedó con la pinchila recontra parada y yo, con la colita mojada, con ganas de ser penentrada por un macho tan o más pajero que él. Quería pija, eso era evidente.

 -"Mirá que, esto, no te va a salir gratis, ¿eh?"-exclamó con todo el cinismo, el muy "jeropa".

 -"¿Eh?, no traje plata"-fue mi inocente respuesta.

  -"¡Ja, ja, ja, ja!, nah, no quiero plata. Me conformo con una buena chupada de verga".

 Se acomodó contra el sillón y dejó ver la terrible erección que tenía. Se veía como si tuviera una buena cantidad de medias ahí entre medio. Pero era obvio que no, ya que, recién ahora se le marcaba tanto.

 Me puse en cuatro sobre el sofá. Me puse a investigar encima de su garompa. Bajé su short (él me ayudó, claro). Todavía falta el bóxer negro que se había puesto. Lo bajamos, no hubo problema alguno.

 Al fin, ya tenía su verga frente a mis ojos. Era una cosa maravillosa. Gigante, como de unos veinte centímetros. Gorda, ponele que seis, o por ahí. Cabezona, con las venas marcadísimas en el tronco.

 -"Wow, mirá lo que se come tu chica todos los días. Qué envidia", le dije mientras lo miraba.

 -"Desgraciadamente, no. Ella no me chupa la verga, no me entrega el culo, ni garchamos todos los días", me dice casi llorando. Altón llorón.

 La medí con mis manos sin poder creerme lo que tenía ese pibe, y noté que solo sobresalía el glande cuando apoyaba las dos sobre su tronco. Qué envidia, posta. Pero no nos adelantemos, continuemos con el asunto en el que había quedado.

 Le entré a hacer una rica paja. Se ve que le encantaba, ya que se relajaba cada vez más y ponía una cara de pelotudo bárbaro. Se entregó por completo, como quién dice, mientras le tironeaba el cuero para atrás. Andá a saber en quién pensaba.

 -"Qué hermoso pedazo que tenés. Me enamoré", le digo.

 Ni bien termino de decir esa frase, una de sus manos se alojó en mi nunca y con voz de cansado, me soltó un irritado: "bueno, cerrá el culo y tirame la goma de una vez, putita", mientras enterraba mi boca en su vergota.

 Gracias a esto, llegué a tragarme media pija de una. Costó un poco más por mí misma, pero creo que lo logré. Como quedé encantada con eso, procedí a repetirlo como unas tres veces más, solamente para darle más placer a mi pijudo de turno. No lo pude evitar.

 El chabón dejó de tener su brazo derecho, apoyado sobre el respaldo, como haciéndose el canchero, para apoyar luego la mano sobre uno de mis cachetes, así, sin pedir permiso, ni nada. Me encantó. Altísimo atrevido.

 Dejó su manota enorme apoyada sobre mi nalga un rato largo. Sin darse cuenta o sin intenciones, si quiera, me estaba abriendo la cola. Qué rico. Solo después de eso, la acarició, para derivar en una buena cachetada bien dada.

 El ruidazo que se sintió al colicionar su palma contra una de mis nalgas, me puso peor, más putita todavía. Recogí cada gotita rebelde que osaba asomarse por la uretra de mi chongazo. No le iba a permitir salir ni en pedo.

 Luego de dos repeticiones como esas, el chabón volvió a jugar con mi culito. Corrió mi tanga. Con su yema, anduvo por cada zona de mi colita, otra vez. Pero, en esta ocasión, se permitió divertirse con mi hoyito. Introducirlo, para poder calentarme más.

 Su dedito se sumergía en la cuevita más oscura que habita entre mis pompas. Lo movía, para estremecerme más. Lo hacía de arriba a abajo, hasta que estos movimientos le permitiesen adentrarse un poco más. 

 Acariciaba, con la lengua, cada superficie de su rosado glande. No iba a permitir que quede ni un centímetro sin ser recorrido. Estaba muy delicioso. Un manjar. Por esto mismo, me llevé varios litros de líquido preseminal a la garganta.

  Muchos besitos de acá, muchos lengüetazos por allá, lo pusieron a gemir. Es que posta que anduve por cada rincón por el que estaba conformada su chota. Por arriba, por abajo, por el centro, por todos lados. No dejé nada sin conocer.

 Me la metí casi de lleno en la boca, para estimularlo oralmente. Lo conseguí. Entraba casi la mitad de su porongón sin problema. Con cada cabeceada, lo ponía como loquito. Cómo disfrutábamos a pleno los dos. Estábamos al palo.

 Harto del pete, me propone ver la temporada cinco con una condición: si le entregaba el orto ahí mismo. Así, con esas palabras. Todo un chanta. Sabía que me había enganchado y necesitaba seguir viéndola, pero, él con sus tretas, se aprovecharon de mí.

 No hacía falta que me lo propusiera tampoco. Yo ya tenía ganas de pija por popa. Con que me pida que le entregue el orto, era suficiente, creo. Pero bueh... por lo menos lo hizo. No se quedó con las ganas para nada. Así que... accedí. Obvio.

 Me puse de rodillas frente a él, sobre el sofá, encima de su delicioso pedazo. Una vez estaba bien arriba suyo, fue metiendo su pija de a poco, para que se vayan corriendo mis nalgas. No sé cómo explicar la pose. Espero se haya entendido clarísimo.

 Una vez atravesada la barrera que proporcionaban mis cachetes, su pija alcanzó el agujerito de mi orto. En cuanto lo tocó, logró abrirlo y, con ello, adentrarse hasta su fondo. Al toque, me hizo gritar de placer y dolor a la vez.

 Dejé el culito quieto. No lo moví. Él tampoco se movió. Solo pude sentir su ancho glande deseando tocarme las puertas del orto. No podía creer que solo eso me pusiese a gritar, y eso que todavía faltaban varios centímetros más.

 El chabón no sabía por dónde agarrarme, eso me causó gracia. Primero me sujetó de la tanga, pero, con sus manotas, podría romperme el frágil hilo que se me metía en la cola. Después, me agarró de la cintura. Ahí sí era mucho más cómodo.

 Como vio que me quedé quietita por el dolor, el tipo me agarró de los cachetes y los empezó a mover de arriba a abajo, cosa de poder incentivarse más. Algo logró, ya que ponía caritas muy graciosas mientras me la meneaba manualmente.

 Sin darme cuenta, tanto pajearlo con mis carnes, terminó enterrando poco más de la mitad del trozo de Ova. Fue muy arriesgado no humectar tanto la zona con algún lubricante, pero me arriesgué. Quería sentirlo todo.

 Ya no sabía por dónde sujetarme para que no deje de brincarle. Le agarró desesperación. Con tal de tenerme bien maniobrable, era capaz de posar sus manos en cualquier lado. Alto degeneradito era. Ya no podía ocultarlo.

 En cuanto a mí, el hilo de la tanga se me apretaba contra una de mis nalgas. Llegué a creer que me iba a romper la ropita interior, solo porque el logi este la estiraba mal, por agarrarme de ahí y hacerlo como si fuese una marioneta, o algo por el estilo.

 Cada tanto, mi culito lograba aterrizar sobre su pelvis. Lo que indicaba que se había tragado de lleno el pedazo de Osvaldo. Luego de eso, él con su fuerza, me sacaba de ahí al toque. Increíble que mi colita pueda con todo eso.

 Me hacía para todos lados como si fuera una muñeca, o algo así. Con solo agarrarme las carnes, ya se estaba pajeando. No podía satisfacerlo solo eso. Algo más debía hacerle. Así que... le empecé a gemir en las orejitas. Esto incrementó el ambiente, tal como sospechaba.

 Habrán pasado solo unos diez minutos haciendo eso, hasta que, de su poronga, empezó a brotar su rico y calentito líquido que se volcó dentro de mí. Lo disfruté un buen ratito, hasta que llegó el momento que debía sacármela. Desgraciadamente, no podíamos vivir así eternamente. 

 Fue todo tragado por mi culito, hasta que la sacó y su semen empezó a salirme de la cola hasta caer en su remera. Pobrecilla. No pasó ni un segundo de cuando me la sacó, que en seguida cayó encima suyo, manchándole la parte de la pancita que tapaba su prenda.

 A pesar de lo manchado que lo dejé, otra gran parte quedó adentro mío. Mi culito quedó blanco, con un hilito colgando de mi hoyito. Pese a que lo abriese, no salía, quedaba prendido de allí. No se quería retirar, por más que lo agitara.

 Agitados, sonreíamos mientras nos mirábamos fijamente a los ojos... con mucha picardía. Fue ahí cuando, de un certero cachetazo en la cola, me dio la señal correcta de que era la hora exacta para salir de encima suyo. Obvio, lo hice.

 


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