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Mostrando entradas de mayo, 2025

Pintarme la cara, color espermanza.

 Qué embole tenía en mi casa, pero debía esperar al pintor que estaba por llegar.  Al fin, suena el timbre. Me asustó, pero fue un alivio haberlo sentido. Debo atender.  Sí, es él. Le toco el botón para que pueda abrir la puerta y pasar al edificio.  Ya está acá.  Un chabón de musculosa, una gorrita para atrás y un pantalón que le marcaba sus partes bajas, era el pintor.  Lo llevo a la habitación y lo dejo allí para que haga su trabajo, mientras me cambio para después salir.  Tenía que ir a una cita en un rato no muy lejano, quería verme con un chico que había conocido hace unos días.  Me fui a la pieza para sacarme el short que tenía puesto. Era muy de entrecasa.  Dejé que mi pequeña tanga blanca quede a la vista de cualquiera que se asome.  Me puse un vestidito verde, sexy, que me llegaba hasta la puerta del culo.  Del otro lado de la puerta, sentí que unos ojos chusmas querían mirar el interior de la pieza en la que me encontraba...

La herramienta del cerrajero.

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 Nos encontramos una tarde preciosa de sol tenue, en la casa de mi hermosa mejor amiga Eli. Estábamos pelotudeando a full, escuchando algo de linda música mientras hablábamos, tranquis las dos.  De repente, a Eli le pinta ir al baño (para hacer lo suyo, obvio). Cuando termina, busca salir y la puerta no cedía. Estaba trabadísima, como hinchada por la humedad que había en Buenos Aires, en general.  Al ver lo que pasaba, me acerco a intentar ayudarla. En vano, porque tampoco pude hacerlo. Estaba trabadísima mal. Qué garrón, justo que nos estábamos cagando de la risa mal, pero bueh...  Cacé el celular de una, busqué el número del cerrajero del barrio y le marqué para que venga. Solo entonces, le avisé a Eli, para que se calmara. Aunque ella estaba calmadísima.  Para nuestra suerte, como estaba a dos cuadras de nosotros, no tardó más de diez minutos. Menos mal, porque yo ya estaba a las puteadas limpias. Lo hacía en cada idioma habido y por haber.  Llegó Sergio...