Pintarme la cara, color espermanza.
Qué embole tenía en mi casa, pero debía esperar al pintor que estaba por llegar. Al fin, suena el timbre. Me asustó, pero fue un alivio haberlo sentido. Debo atender. Sí, es él. Le toco el botón para que pueda abrir la puerta y pasar al edificio. Ya está acá. Un chabón de musculosa, una gorrita para atrás y un pantalón que le marcaba sus partes bajas, era el pintor. Lo llevo a la habitación y lo dejo allí para que haga su trabajo, mientras me cambio para después salir. Tenía que ir a una cita en un rato no muy lejano, quería verme con un chico que había conocido hace unos días. Me fui a la pieza para sacarme el short que tenía puesto. Era muy de entrecasa. Dejé que mi pequeña tanga blanca quede a la vista de cualquiera que se asome. Me puse un vestidito verde, sexy, que me llegaba hasta la puerta del culo. Del otro lado de la puerta, sentí que unos ojos chusmas querían mirar el interior de la pieza en la que me encontraba...