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Mostrando entradas de noviembre, 2025

Callejera.

 Sábado de joda con uno de mis amigos, en su casa.  Como no tenía nada para hacer, acepté la invitación.  Jugamos unos jueguitos en la Play y tomamos cuatro o cinco birras (bah... yo me las tomé).   El tema era que se sentía un poco mal, al punto de vomitar. Entonces, salí temprano.  Eran tipo dos o tres de la mañana. Agarré una birrita que sobró y partí hacia mi casa.  Qué bodrio volver a esa hora. No quería, pero no me quedaba otra.  Cada pasos que daba, empinaba la botella y chupaba de lo lindo. Qué manjar.  Recordé que, de camino, tenía la plaza principal de su barrio, así que... encaré hacia allá.  Medio que dudé por un momento ir para esos lares, ya que mis fachas no eran las mejores.  En la parte de arriba, tenía una campera ADIDAS azul, que, a duras penas, pasaba mi colita.  En la parte de abajo, solo unas medias portaligas violeta de red, que adornaban mis piernas.  Es que fui pensando en que cogeríamos con mi ami...

Sentadillas.

 Es la tarde de un domingo nublado y frío. Estoy sola en el living de mi casa.  Como no tenía ganas de ir al Gym, me decido a hacer algunos ejercicios en mi propia casa.  Me pongo mis calcitas y mi topcito rosita para estar al mismo tono y poder hacerlo cómodamente.  Coloco una colchoneta en el suelo como para amortiguar algún golpe, y listo... estoy preparada.  Lo primero que me dispongo a hacer, es elongación. Preparo mis músculos, estirándolos.  Lo hago con los brazos y las piernas. Creo que ya estoy con la temperatura ideal para comenzar.  Ya estoy preparada para mi ejercicio preferido: sentadillas.  Bajo lentamente con mis rodillas, para ponerme en posición de cuclillas.  La misma pose hace que se agrande mi culazo, que se pegue la tela de las calcitas que me puse.  Parecía que no tenía nada puesto, ya que se me había colado tremendamente en lo profundo.  Subo y bajo despacito, para sentir cómo rebotan los cachetes redondos de ...

Recogida.

 Hace muchos años, tuve mi primera cita (en la vida) con un loquito que conocí en Fotolog (sí, así de vieja es la anécdota... sí, tuve fotolog hace muchos años).  La cosa es que, pegamos onda por la música que escuchábamos, y así empezamos a hablar.  Yo creo que rondaba los veintiuno, veintidós. Mati, el chabón, ya pasó sus treinta y tenía hija y todo.  Pasaron los meses, y las charlas con el chabón, se iban poniendo cada vez más interesantes, por lo que nos propusimos programar una cita para vernos en persona.  Ya nos habíamos visto por foto, ya habíamos charlado por videollamada. Ahora, tocaba vernos.  Como el chabón era de Lanús y yo de la Ciudad de Buenos Aires, teníamos que ponernos de acuerdo.  Para nuestra suerte, Mati, ya tenía un auto, por lo que no tuvo inconvenientes en acercarse a la Ciudad para que no demos tantas vueltas, tanto tiempo.  Al final, nos terminamos decidiendo por Recoleta, ya que él lo conocía como la palma de su mano. ...

Sábado de locuras.

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 Hablábamos pavadas, mientras caminábamos las escasas cuadras que nos separaban del lugar. Nos cagábamos de risa bastante.  Ya era un tanto tarde. Casi todos los negocios por los que pasamos, se encontraban cerrados a nuestro alrededor.   Lo único que nos brindaba luz, eran los postes de alumbrado público y algunos locales que dejaban una lamparita prendida un poco tenue.  Mas allá de ese detalle, la oscuridad se apoderaba de casi todo el barrio (al menos de donde íbamos pateando).  De pronto, llegamos a una casa. Era la de él. Dejamos nuestras cosas y solo nos quedamos con lo importante: la plata y el celular.  Queríamos ir holgados, liberados de cosas molestas. Lo mas libres que pudiésemos. Lo suficiente como para divertirse una noche.  Salimos de nuevo y seguimos camino hacia el bendito lugar al que nos propusimos ir. Encaramos de una.  El antro, era un bar que, con el paso del tiempo, se transforma en una especie de bolichito muy copado, ...

Mañanero.

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 Un rayo de luz solar (muy rompe bolas) que se colaba por una de las rendijas de la persiana de mi cuarto, me daba de lleno a los ojos, lo que generó que los abriera y me despertara al toque.  Me encontraba rodeada de unos brazos fuertes. Me giré. Era Hernán, que no se levantó temprano para irse, no me dejó. Qué lindo. Me encantó. Encima, se veía precioso durmiendo. Tan sereno.  Resulta que dormimos haciendo cucharita toda la noche. Se ve que su "chori" estuvo muy cerca de mi colita toda la noche. Qué tentación, mal momento para enterarme de eso.  Para mi desgracia, lo tenía que despertar, porque tenía salir de la cama. Era inevitable que se saliera del mundo mágico de los sueños, para tener que volver a la realidad... ¡la puta realidad!  El movimiento de las sábanas, hizo que la verdad se develara ante mis ojos: se había acostado desnudo. Ya sé que, garchando, ya lo vi desnudo, pero... en otro contexto, era otra cosa. Qué sé yo.  Hasta dormida era hermosa,...

Sacándonos las ganas.

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 El tan ansiado siguiente día, llegó al fin. Estaba tan ansiosa que llegué antes que él al negocio.   Me fui con el pantalón Jean mas ajustado que encontré en el ropero y la blusa mas pequeña.  Lo esperé con mucha ansiedad, como una virgen que sabe que está a punto de perderla.  Al fin vino. Lo vi entrar por la puerta de entrada, como si nada, sonriéndole a todos.  Estaba con un Jean también, le apretaba el paquete, mal. Se me hizo agua la boca al toque.  Cuando volvió de cambiarse y de dejar sus cosas, se dirigió a mí, para depositar un tierno beso en mi mejilla y una arrimadita en la cola.  Fue un hermoso "hola". Me encantó. Pero debíamos contenernos porque habían faltado varios compañeros.  Aprovechaba la soledad que nos acompañaba, para tirarme un buen manotazo y hacer crujir mis pantalones con la colisión de la palma de su mano.  -"Te tenías bien guardada esa colita saca leche, eh?", me dijo mientras se mordía los labios y la miraba...