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Mostrando entradas de noviembre, 2025

Sábado de locuras.

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 Hablábamos pavadas, mientras caminábamos las escasas cuadras que nos separaban del lugar. Nos cagábamos de risa bastante.  Ya era un tanto tarde. Casi todos los negocios por los que pasamos, se encontraban cerrados a nuestro alrededor.   Lo único que nos brindaba luz, eran los postes de alumbrado público y algunos locales que dejaban una lamparita prendida un poco tenue.  Mas allá de ese detalle, la oscuridad se apoderaba de casi todo el barrio (al menos de donde íbamos pateando).  De pronto, llegamos a una casa. Era la de él. Dejamos nuestras cosas y solo nos quedamos con lo importante: la plata y el celular.  Queríamos ir holgados, liberados de cosas molestas. Lo mas libres que pudiésemos. Lo suficiente como para divertirse una noche.  Salimos de nuevo y seguimos camino hacia el bendito lugar al que nos propusimos ir. Encaramos de una.  El antro, era un bar que, con el paso del tiempo, se transforma en una especie de bolichito muy copado, ...

Mañanero.

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 Un rayo de luz solar (muy rompe bolas) que se colaba por una de las rendijas de la persiana de mi cuarto, me daba de lleno a los ojos, lo que generó que los abriera y me despertara al toque.  Me encontraba rodeada de unos brazos fuertes. Me giré. Era Hernán, que no se levantó temprano para irse, no me dejó. Qué lindo. Me encantó. Encima, se veía precioso durmiendo. Tan sereno.  Resulta que dormimos haciendo cucharita toda la noche. Se ve que su "chori" estuvo muy cerca de mi colita toda la noche. Qué tentación, mal momento para enterarme de eso.  Para mi desgracia, lo tenía que despertar, porque tenía salir de la cama. Era inevitable que se saliera del mundo mágico de los sueños, para tener que volver a la realidad... ¡la puta realidad!  El movimiento de las sábanas, hizo que la verdad se develara ante mis ojos: se había acostado desnudo. Ya sé que, garchando, ya lo vi desnudo, pero... en otro contexto, era otra cosa. Qué sé yo.  Hasta dormida era hermosa,...

Sacándonos las ganas.

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 El tan ansiado siguiente día, llegó al fin. Estaba tan ansiosa que llegué antes que él al negocio.   Me fui con el pantalón Jean mas ajustado que encontré en el ropero y la blusa mas pequeña.  Lo esperé con mucha ansiedad, como una virgen que sabe que está a punto de perderla.  Al fin vino. Lo vi entrar por la puerta de entrada, como si nada, sonriéndole a todos.  Estaba con un Jean también, le apretaba el paquete, mal. Se me hizo agua la boca al toque.  Cuando volvió de cambiarse y de dejar sus cosas, se dirigió a mí, para depositar un tierno beso en mi mejilla y una arrimadita en la cola.  Fue un hermoso "hola". Me encantó. Pero debíamos contenernos porque habían faltado varios compañeros.  Aprovechaba la soledad que nos acompañaba, para tirarme un buen manotazo y hacer crujir mis pantalones con la colisión de la palma de su mano.  -"Te tenías bien guardada esa colita saca leche, eh?", me dijo mientras se mordía los labios y la miraba...