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Mostrando entradas de octubre, 2025

Prostituta por otro día.

 Mucho tiempo después, me volvió a pasar. He aquí la situación narrada.  Salía de una tremenda joda que había tenido en un boliche, un poco en pedo.  Mis amigos se habían tomado otro bondi, en otra de las paradas que habían por ahí.  Como yo ya conocía esa zona y estaba bastante canchera, me permití volverme sola.  El problema era que, generalmente, tardaba una banda, y bueh... de madrugada, ni hablar.  Pocos segundos después, alcanzo a ver que está a un par de cuadras de distancia, ¡qué alegría!  Me acerco a la calle y, cuando está a nada de mí, hago la seña. El muy maldito pasó de largo.  ¡Puta madre!, pensé. Lo puteé en todos los idiomas que conocía y los que aún no conozco.  Cuando pasó de largo, me di vuelta y, como tenía un vestidito negro translúcido, bueh... ya se imaginará qué pasó, querido lector.  Sí, otros conductores que pasaban pudieron ver mis cachetes sin que tengan que asomarse.  Cuando me estaba dirigiendo al asien...

Prostituta por un día.

 Todavía recuerdo como si fuera ayer, la primera vez que me pagaron por un favorcito sexual.  Ocurrió una noche maravillosa. El cielo nocturno estaba completamente despejado.  Las estrellas parecían ser los agujeritos hechos a un manto oscuro que nos cubría la cabeza.  Corría una leve brisa primaveral, que nos acariciaba el rostro y elevaba nuestros cabellos.  Fue hace unos años, cuando estaba yendo hacia la casa de una amiga.  No vivía lejos de casa, pero justo era la zona más oscura del barrio.  Había un tramo en el que, el alumbrado público, casi ni existía. A penas te podías ver la palma de la mano.  Llegaba un momento en el que el horizonte era devorado por completo por la hambrienta oscuridad.  Daba un miedo tremendo, parecía inventado por una horrorosa película de terror.  Pero bueno, si no pasaba por ahí, tenía que dar una vuelta un toque mas grande y tardar más.  Inhalé profundamente y seguí dando pasos hacia adelante, sin ...

Dosis láctea.

 Eran las dos de la mañana de un día de semana. No recuerdo bien qué día. Creo que jueves.  Tenía ganas de fumarme unas ricas florcitas, pero, al mirar en donde las guardaba, no tenía nada. Vacío.  Agarré el celu, entré al Whatsapp, busqué a Juan, mi contacto y le mandé un mensajito.  La respuesta me llegó casi de inmediato. Ni tiempo a parpadear me dio.  Me dijo que andaba cerca de mi barrio, a un par de cuadras de la plaza. Si quería, me los alcanzaba.  Obvio que acepté.   Me puse las zapatillas, agarré la plata y partí así nomás, en búsqueda de eso que llamo yo felicidad.  No me importó que estuviera con un remerón negro de AC/DC y que, debajo, solo mi tanga negra.   Lo que quería, era adquirir ese faso a como dé lugar, volver a casa y fumármelo hasta dormirme.  Cuando llegué a la plaza, le avisé que ya estaba en el sitio anteriormente acordado.  A mi alrededor, solo cuadras y cuadras semi oscuras, iluminados por un tím...

En el baldío.

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 Noche en la ciudad de Buenos Aires. Salía de laburar. En aquellos tiempos trabajaba en el barrio de Flores que, para quien no conoce, de noche no es nada lindo en ciertas zonas.  Venía caminando lo mas bien, toda desquitada de pena, por una de las avenidas principales del barrio: la avenida Nazca, a unos escasos metros del paso nivel. No faltaba nada para llegar.  En la misma vereda, pero en la dirección opuesta, venía un wachiturro que, por alguna razón, no pude quitarle la mirada de encima ni por un segundo desde que apareció en mi campo de visión.  El chabón venía re colgado, paveando con andá a saber qué cosa. Estaba mirando para otro lado, la nada misma, hasta que levantó la mirada y la dirigió hacia mí también.  Nuestra vista se entrelazó de golpe. Se dio cuenta de que hice lo mismo que él. Pasamos por al lado, pero seguimos dando unos pasos más hacia "nuestro norte", hasta que me habló.  Es más, nuestras miradas seguían uniéndose, pese a que ya está...