Prostituta por otro día.
Mucho tiempo después, me volvió a pasar. He aquí la situación narrada. Salía de una tremenda joda que había tenido en un boliche, un poco en pedo. Mis amigos se habían tomado otro bondi, en otra de las paradas que habían por ahí. Como yo ya conocía esa zona y estaba bastante canchera, me permití volverme sola. El problema era que, generalmente, tardaba una banda, y bueh... de madrugada, ni hablar. Pocos segundos después, alcanzo a ver que está a un par de cuadras de distancia, ¡qué alegría! Me acerco a la calle y, cuando está a nada de mí, hago la seña. El muy maldito pasó de largo. ¡Puta madre!, pensé. Lo puteé en todos los idiomas que conocía y los que aún no conozco. Cuando pasó de largo, me di vuelta y, como tenía un vestidito negro translúcido, bueh... ya se imaginará qué pasó, querido lector. Sí, otros conductores que pasaban pudieron ver mis cachetes sin que tengan que asomarse. Cuando me estaba dirigiendo al asien...