En el baldío.

 Noche en la ciudad de Buenos Aires. Salía de laburar. En aquellos tiempos trabajaba en el barrio de Flores que, para quien no conoce, de noche no es nada lindo en ciertas zonas.

 Venía caminando lo mas bien, toda desquitada de pena, por una de las avenidas principales del barrio: la avenida Nazca, a unos escasos metros del paso nivel. No faltaba nada para llegar.

 En la misma vereda, pero en la dirección opuesta, venía un wachiturro que, por alguna razón, no pude quitarle la mirada de encima ni por un segundo desde que apareció en mi campo de visión.

 El chabón venía re colgado, paveando con andá a saber qué cosa. Estaba mirando para otro lado, la nada misma, hasta que levantó la mirada y la dirigió hacia mí también.

 Nuestra vista se entrelazó de golpe. Se dio cuenta de que hice lo mismo que él. Pasamos por al lado, pero seguimos dando unos pasos más hacia "nuestro norte", hasta que me habló.

 Es más, nuestras miradas seguían uniéndose, pese a que ya estábamos a un par de metros de distancia. No me sacaba la vista mas de encima el desgraciadito este. Yo tampoco lo haría.

 -"Eh, ¿qué pasó, gato?", escuché de repente.

 -"¿Qué pasó con qué?", le pregunté.

 -"Me miraste mal, ¿te la aguantás?".

 -"Obvio que sí", le comenté redoblando la apuesta.

 -"Esta en el culo, te aguantás vos", dijo, mientras se agarraba el miembro.

 Bajé la mirada de inmediato para ver todo lo que se agarraba. Como mucho bulto no hacía, le contesté lo siguiente, pero con un tono más desafiante, para ver qué hacía:

 -"Obvio que me aguanto ese maní quemado, ¿vos te aguantás esta?".

 En seguida, sin perder más tiempo, enredé mis dedos en el elástico del Jogging ADIDAS que tenía, me pongo de espaldas, lo empujé hacia abajo y le mostré la tanga negra que tenía.

 La cara del flaco cambió de hostilidad pura, a uno de verdadero asombro. No se esperaba que, en verdad me baje los pantalones delante suyo y, menos aún, que tenga una tanga coladísima.

 -"Uh, mami, cómo te rompo el rosquete", me tira con cara de degenerado, después de apurarme.

 -"Con ese maní no me vas a poder romper nada, logi. No la voy a sentir ", le comento mientras le pongo cara de puta.

 -"Callate, putita, te va a encantar mi chota", me dice mientras me da un fuerte cachetazo en la cola, que resonó en mi ser.

 Obvio que me callé, tal como me lo pidió, y me permití disfrutar de cada segundo que, sus enormes manos atrevidas, se pasearon por cada rincón de mis partes traseras, sin mi permiso.

 Giré mi cabeza y eché una miradita por encima de mi hombro. Pude notar que, su amiguito, se empezaba a poner de pie a medida que tanteaba todo terreno de mi colita glotona.

 -"¡APA!, parece que te gustó mucho, ¿eh?", le dije, mirándole la entrepierna.

 -"Obvio, mami, te dije que me encantaba esa burra".

 Después de plasmar sus manos en la piel de mis cachetes en reiteradas ocasiones, se dignó a hacer algo mas: aterrizó abruptamente sus colmillos sedientos sobre mi cuello delgado.

 Estampó sus sabrosos besos una y otra vez sobre mi cutis hambriento de pasión. Me deleitaban completamente, me hacían ver las estrellas la pasión con la que me los daba.

 Solo paró de besarme el cogote por una milésima de segundos, para susurrarme las palabras más sucias que se le ocurrieron por su pervertida mente y que pudo escupir por su boca chancha.

 -"Seguime, putita", me susurra al oído con voz de pajero, mientras me agarra de la mano.

 Lo sigo, obvio. Nos alejamos de la luz, para irnos a la vuelta de donde estábamos. Allí, había como un baldío, escaso de iluminación. Prácticamente, nos amparaba la maravillosa oscuridad.

 Me puso de frente, pero contra la pared. Estiró el brazo, cosa de que no pueda escapar. Proseguimos con los ricos besos que ya no estábamos dando. Fueron bien furiosos, de los que queman.

 Su verga, no aguantaba más. Estaba re contra dura. Todo, gracias a mí, obvio. Yo, toda chocha por ese cumplido. Me sonrojó el tremendo logro.

 Le bajé los lompas, acompañados de sus bóxers negros. Los dejé en la altura suficiente como para que quede su chota al aire. Qué linda era, toda depiladita, delgadita, larguita. Mmmmmm...

 De cuclillas, me dispuse a hacer mi labor: hacerlo sentir placer con mi boquita juguetona. 

 Besitos de acá, besitos de allá. En la puntita, en los costaditos, por doquier. No dejé un solo lugar sin recorrer con mis labios inquietos.

 Lo agarré con la mano, lo pajeaba, lo escupía, le daba mi calor bucal. Le hice de todo para que quede bien paradita, como a mí me gustan.

 Pero, esto, no nos era suficiente. Ambos sabíamos exactamente lo que queríamos.

 Una vez derecha, el loco me plasmó sus huellas digitales sobre los glúteos. En todos lados. 

 Los tanteaba de arriba, de abajo, del costado, por todos lados. Mas tocada que un pasamanos.

 De espaldas, sus besos regresan. En esta oportunidad, viajan por todo mi cuello y algo de mis hombros (al menos la parte que él descubre). Caen como una lluvia intensa encima mío. Me encanta.

 Madre de Dios, qué ricos besos da este hombre. Encima, sabe bien dónde ponerlos.

 Su ganso tampoco está quieto, en lo absoluto. Cada tanto, se pega a mi culito redondo deseoso de ese pedazo. Es como un imán para su miembro, no paraba de adherirse ni por un solo instante.

 Sus manos se pasean por todo mi cuerpo, sin dejar un solo espacio sin conocer. De hecho, alcanza el elástico de mi pantalón, el cual, usa para poder sujetarse y bajármelos sin problema alguno.

 Quedo sin tanga, con la colita al aire. Prácticamente, podría caer cualquiera y encontrarnos con las manos en la masa. No tendríamos tiempo para poder caretearla, ni un poco.

 Las gigantes manos que posee el wachiturro este, vuelven a agarrarme de las nalgas y las aprieta de a una. Las amasa con muchas ganas. Les pega. Me encanta. Se siente rico. Me excita mucho.

 Plasma cada huella dactilar que poseen sus degeneradas yemas. No se priva de tocar ni un solo recoveco de mi culito. Lo tiene como un loco. Se nota a leguas. No puede ocultarlo.

 Ya me estaba puerteando. Sentía el chorizo aproximándose a mí, mientras sus manos se lo acariciaban. Se pajeaba mirándome la cola. Alto depravado. 

 La temperatura no cesaba de aumentar. El deseo no paraba de crecer... igual que su pija. Estábamos como locos. Queríamos mas uno del otro.

 Sentí su verga contra uno de mis cachetes. Encima, no dejaba de pajearse a pesar de estarla apretando. No me dio ni un poquito de tregua.

 Separó mi hoyito con ambas manos. Al notar esto, lo empecé a pajear un poquito, como para que no se ponga gomosa mientras tanto. 

 Qué rico era sentir sus enormes manos separándomelas, para dejarme bien despejado el agujerito.

 Se escupió la chota, la embadurnó en saliva. Qué tierno, no quería lastimarme con esa pija gorda.

 Fue despacito, hasta tocar el fondo. Introdujo su pene con mucha delicadeza. 

 Se sujetó de mis caderas. Las usaba para tener de dónde agarrar firmeza.

 Empezó a hacerla entrar y salir de mi interior. Lentamente, obvio.

 Después de unos cuantos pijazos, le empezó a entrar mas duro a mi culito.

 Una vez acostumbrados a la fricción ocasionada por la piel de ambos, aumentó la velocidad.

 Las sensaciones eran maravillosas. Era un dolorcito rico, me encantaba. Me hacía ver las estrellas.

 Gemía, por supuesto. No lo pude evitar. La pasión se manifestaba a través de mi boca.

 Él también se descargaba oralmente de las sensaciones que le generaba mi culito cerrado.

 Su pelvis, chocaba contra mis nalgas, con muchas ganas. La delicadeza, ya se había esfumado.

 Tantos vergazos, cesaron repentinamente. Es que me la sacó del culo, de la nada. Atrevido.

 -"Mmmmm... ¡quiero más!", supliqué beboteando.

 Mis súplicas, lograron que me tenga piedad y vuelva a la carga contra mi culito.

 Emitía un gemido de amor con cada pijazo que me propinaba en la cola el muy wacho.

 -"Ay, sí, qué rico", susurré.

 Sus manos recorrieron todo mi torso, no dejó un milímetro sin plasmar sus huellas dactilares.

 Usó los dedos para jugar un ratito con mis pezoncitos. Le gustó, se ve.

 Finalmente, sus manos volvieron adonde pertenecían: mis caderas.

 -"¿Me vas a dar toda la leche?", interrogué.

 El wachiturro seguía mudo. No contestaba. Estaba concentrado en mi culo, al parecer.

 Mejor, así no paraba de masijarme el ojete. Tal como venía, lo hacía muy bien.

 Me estaba rompiendo el orto como el mejor. No me importaba si estaba callado.

 La sacó de mi culito, solo para pajearse sobre una de mis nalgas, hasta sacarse la leche.

 La misma, caía a borbotones que no cesaban. Como una lluvia, sobre mi cachete.

 Dejó un sendero de guasca, que solo finalizaba sobre el suelo.

 Salió muchísima. Vació sus huevos sobre mí. No habrá dejado ni media gotita.

 Limpió su glande, sacudiéndolo sobre mi cachete y hasta rozándolo ahí.

 Dio un punto final, con un buen bife en mi cola. ¡CHAS!, se quejó mi piel.

 Mas temprano que tarde, nos vestimos. No daba que alguien nos encontrara en esa situación.

 Por mi parte, me limpié el moflete con la mano, quité el semen que iba cayendo con un dedo.

 Lo limpié con mi boca. Estaba sabroso. Quedé encantada con su sabor poco ácido.

 Subí mi tanga, mi pantalón ADIDAS, nos saludamos con un beso ruidoso y cada quien se fue por su parte, como si nada. Haciéndonos los "logis".

 


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