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Sábado de locuras.

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 Hablábamos pavadas, mientras caminábamos las escasas cuadras que nos separaban del lugar. Nos cagábamos de risa bastante.  Ya era un tanto tarde. Casi todos los negocios por los que pasamos, se encontraban cerrados a nuestro alrededor.   Lo único que nos brindaba luz, eran los postes de alumbrado público y algunos locales que dejaban una lamparita prendida un poco tenue.  Mas allá de ese detalle, la oscuridad se apoderaba de casi todo el barrio (al menos de donde íbamos pateando).  De pronto, llegamos a una casa. Era la de él. Dejamos nuestras cosas y solo nos quedamos con lo importante: la plata y el celular.  Queríamos ir holgados, liberados de cosas molestas. Lo mas libres que pudiésemos. Lo suficiente como para divertirse una noche.  Salimos de nuevo y seguimos camino hacia el bendito lugar al que nos propusimos ir. Encaramos de una.  El antro, era un bar que, con el paso del tiempo, se transforma en una especie de bolichito muy copado, ...

Mañanero.

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 Un rayo de luz solar (muy rompe bolas) que se colaba por una de las rendijas de la persiana de mi cuarto, me daba de lleno a los ojos, lo que generó que los abriera y me despertara al toque.  Me encontraba rodeada de unos brazos fuertes. Me giré. Era Hernán, que no se levantó temprano para irse, no me dejó. Qué lindo. Me encantó. Encima, se veía precioso durmiendo. Tan sereno.  Resulta que dormimos haciendo cucharita toda la noche. Se ve que su "chori" estuvo muy cerca de mi colita toda la noche. Qué tentación, mal momento para enterarme de eso.  Para mi desgracia, lo tenía que despertar, porque tenía salir de la cama. Era inevitable que se saliera del mundo mágico de los sueños, para tener que volver a la realidad... ¡la puta realidad!  El movimiento de las sábanas, hizo que la verdad se develara ante mis ojos: se había acostado desnudo. Ya sé que, garchando, ya lo vi desnudo, pero... en otro contexto, era otra cosa. Qué sé yo.  Hasta dormida era hermosa,...

Sacándonos las ganas.

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 El tan ansiado siguiente día, llegó al fin. Estaba tan ansiosa que llegué antes que él al negocio.   Me fui con el pantalón Jean mas ajustado que encontré en el ropero y la blusa mas pequeña.  Lo esperé con mucha ansiedad, como una virgen que sabe que está a punto de perderla.  Al fin vino. Lo vi entrar por la puerta de entrada, como si nada, sonriéndole a todos.  Estaba con un Jean también, le apretaba el paquete, mal. Se me hizo agua la boca al toque.  Cuando volvió de cambiarse y de dejar sus cosas, se dirigió a mí, para depositar un tierno beso en mi mejilla y una arrimadita en la cola.  Fue un hermoso "hola". Me encantó. Pero debíamos contenernos porque habían faltado varios compañeros.  Aprovechaba la soledad que nos acompañaba, para tirarme un buen manotazo y hacer crujir mis pantalones con la colisión de la palma de su mano.  -"Te tenías bien guardada esa colita saca leche, eh?", me dijo mientras se mordía los labios y la miraba...

Prostituta por un día.

 Todavía recuerdo como si fuera ayer, la primera vez que me pagaron por un favorcito sexual.  Ocurrió una noche maravillosa. El cielo nocturno estaba completamente despejado.  Las estrellas parecían ser los agujeritos hechos a un manto oscuro que nos cubría la cabeza.  Corría una leve brisa primaveral, que nos acariciaba el rostro y elevaba nuestros cabellos.  Fue hace unos años, cuando estaba yendo hacia la casa de una amiga.  No vivía lejos de casa, pero justo era la zona más oscura del barrio.  Había un tramo en el que, el alumbrado público, casi ni existía. A penas te podías ver la palma de la mano.  Llegaba un momento en el que el horizonte era devorado por completo por la hambrienta oscuridad.  Daba un miedo tremendo, parecía inventado por una horrorosa película de terror.  Pero bueno, si no pasaba por ahí, tenía que dar una vuelta un toque mas grande y tardar más.  Inhalé profundamente y seguí dando pasos hacia adelante, sin ...

En el baldío.

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 Noche en la ciudad de Buenos Aires. Salía de laburar. En aquellos tiempos trabajaba en el barrio de Flores que, para quien no conoce, de noche no es nada lindo en ciertas zonas.  Venía caminando lo mas bien, toda desquitada de pena, por una de las avenidas principales del barrio: la avenida Nazca, a unos escasos metros del paso nivel. No faltaba nada para llegar.  En la misma vereda, pero en la dirección opuesta, venía un wachiturro que, por alguna razón, no pude quitarle la mirada de encima ni por un segundo desde que apareció en mi campo de visión.  El chabón venía re colgado, paveando con andá a saber qué cosa. Estaba mirando para otro lado, la nada misma, hasta que levantó la mirada y la dirigió hacia mí también.  Nuestra vista se entrelazó de golpe. Se dio cuenta de que hice lo mismo que él. Pasamos por al lado, pero seguimos dando unos pasos más hacia "nuestro norte", hasta que me habló.  Es más, nuestras miradas seguían uniéndose, pese a que ya está...

La vergamota (versión 1).

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 ¡Muy feliz día de la raza y de la hispanidad, mis queridos lectores!  Hoy, por ese motivo, voy a escribir un relato acerca de mi experiencia con personas de otra raza.  Ya sé que ya había tenido experiencias con negros, pero... había pasado un tiempo prudente desde entonces. Ya andaba con ganas de probar otra morcilla.  El relato arranca de la siguiente forma:  "¡TOC!, ¡TOC!", dijo la puerta.  "Qué raro, ¿quién podrá ser el rompe pelotas que viene a joder un domingo en la tarde?, si yo no espero a nadie", pensé.  Salí de la cocina en la que me encontraba, para dirigirme hacia la puerta a ver quién era dicha persona.  Al abrirla, tengo en frente mío al espécimen de morocho más lindo que me pude haber cruzado.  -"Hola, buenas tardes. Disculpá las molestias, soy Rapha, el del 36 (departamento de al lado). Estoy con problemas en la cañería y el plomero no viene hasta mañana, ¿podrías prestarme el baño?, necesito bañarme", dijo con un marcado ace...

El regalo prometido.

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 Para el cumpleaños de su novio Juanma, Eli, le hizo un regalo muy especial. Como no había experimentado jamás un trío, me llamó a mí para que participara. Claro, como ya nos teníamos estima y confianza, privilegió eso por sobre cualquier injunable.  El fogoso encuentro se dio, entre las apartadas cuatro paredes del departamento de Juan, a un par de cuadras de distancia del mío, por lo que no era un problema la vestimenta. Sobre todo, porque todo sucedería en una noche más que oscura.  Antes de que entrara al hermoso comedor que tenían, Juano tuvo que cerrar los ojos. Fue ayudado por mi amiga, obvio, por temor a que hiciera trampa y frustrara su regalito, develándolo mucho antes del tiempo acordado por nosotras.  Mi sorpresiva llegada lo confundió, ya que esperaba que la cena con la que sería agasajado, sería entre ellos a solas. Pero no, a cambio de eso, llegué yo, con un vestido negro bastante provocativo y que llegaría, con mucho esfuerzo, a taparme un poco la col...