Mañanero.

 Un rayo de luz solar (muy rompe bolas) que se colaba por una de las rendijas de la persiana de mi cuarto, me daba de lleno a los ojos, lo que generó que los abriera y me despertara al toque.

 Me encontraba rodeada de unos brazos fuertes. Me giré. Era Hernán, que no se levantó temprano para irse, no me dejó. Qué lindo. Me encantó. Encima, se veía precioso durmiendo. Tan sereno.

 Resulta que dormimos haciendo cucharita toda la noche. Se ve que su "chori" estuvo muy cerca de mi colita toda la noche. Qué tentación, mal momento para enterarme de eso.

 Para mi desgracia, lo tenía que despertar, porque tenía salir de la cama. Era inevitable que se saliera del mundo mágico de los sueños, para tener que volver a la realidad... ¡la puta realidad!

 El movimiento de las sábanas, hizo que la verdad se develara ante mis ojos: se había acostado desnudo. Ya sé que, garchando, ya lo vi desnudo, pero... en otro contexto, era otra cosa. Qué sé yo.

 Hasta dormida era hermosa, tentadora y capaz de despertar los más bajos instintos. Toda depiladita, pidiendo que mi boca lo despierte a besitos. Era inevitable. Ya mismo lo tenía que hacer.

 Mi lengua se paseó de este a oeste, con el fin de humectar mi boca. Es que... la excitación me la secó por completo. No me pidan explicación científica, pero pasa... sé que pasa.

 Me mordía los labios, con tal de no hacer nada. No quería despertarlo de esa forma, no daba molestarlo pobrecillo. Pasa que dormía profundamente, como si fuera un tierno angelito.

 Se la acaricié un poquito. Nada de nada. No se despertaba. Parecía estar en coma el muy hijo de puta. Como ni se movió, volví a atacar. Se la acaricié una vez más, pero, esta vez, fue mucho más.

 Al ver que ni fu, ni fa, se la empecé a masajear despacito. Subía y bajaba el cuerito de su pija, con mi mano derecha. Una mas que deliciosa paja mañanera, nunca viene mal.

 Uy, ahora sí se movió. Era como una especie de estiramiento que dio, pero seguía dormidazo mal. Entonces, me hago para atrás y cierro las persianas de mi cara, con el fin de que no me vea despierta.

 Pero nunca abrió los ojos, ni un triste segundo, y, por suerte, seguía boca arriba. Por mas que lo haya corrido de al lado mío, siguió en la misma posición el muy maldito.

 "Ya fue -pensé-, tengo que chupársela toda".

 Entonces, me abalancé sobre Hernán, sin importarme si esto sí pudiese despertarlo. Le agarré la verga firmemente. Abrí la boca como diciendo un gran "AH" y dejé que se adentrara en mis fauces golosas. 

 Di mi primer bocado. Estaba exquisito, por favor. Así debía saber el pecado y si era así, debía ser la comida mas deliciosa que jamás haya probado. Encima, muy tentadora.

 Me fijé si despertó. NADA. Estaba totalmente noqueado, así que... le di una chupada más.

 Me mandé más de la mitad de su verga. Qué manjar. Sería una picardía no hacerlo.

 Primera vez que metía su chota en mi boca. No estaba nada mal. Encima, en esa situación.

 Era como una boa deglutiendo a su presa. No podía parar de mamársela.

 Lo mejor, es que respondía a mi boca. La tenía re dura el guacho, y no se despertaba.

 Le seguí tirando la goma con muchísimo amor. Cerraba los ojos y todo.

 Pese al calor de mis manos al pajearlo y la boca al chupársela, nada de nada. Seguía durmiendo.

 Vivo estaba, porque su cuerpo estaba tibio. Asi que.. proseguí a sacarle la mema oralmente.

 Esta vez, me explayé todo lo que quise. No me quise reprimir mas, aunque lo despierte.

 Le hice el pete como Dios manda, con los movimientos que corresponden, sin inhibirme.

 Mis labios hacían su labor sin restricciones. Se la mamaba con todo el amor del mundo.

 Esto, al fin lo volvió a la vida. Se despertó finalmente.

 Levantó la cabeza y me vio. 

 -"Gabi, ¿qué hacés?... ¿qué hacés?", preguntó.

 La segunda vez, fue con una sonrisa de oreja a oreja.

 -"Sh... relajate y disfrutá", le contesté.

 Otra vez me la metí en la boca y le tiré el cuerito como la mas puta de todas.

 Al sentir mis labios yendo y viniendo a lo largo de su tronco venoso, se dejó llevar por las sensaciones.

 Se rindió. Se entregó a todo eso que era capaz de generarle con mi boca carnosa.

 -"¿Te gusta?", le interrogué.

 Movió la cabeza en señal de que sí, le encantaba. Solo entonces, llevó las manos a su frente como si le encantara realmente.

 La chupada de pija que le pegaba, no tenía nombre. Lo hacía mover de la cama, como si hubiera un terremoto.

 Me la tragaba toda, enterita, cuando le hacía garganta profunda. Casi que tocaba la base de su chota.

 Su verga era pura saliva, y era toda mía. De hecho, habían gotitas rodando por su tronco.

 Her aprovecha. Pone su mano sobre una de mis nalgas. La acaricia con mucho amor. La pellizca.

 Estaba tan pancho, que lleva la palma de sus manos sobre su nuca, como para relajarse más.

 Cuando no estaba en mi boca, lo pajeaba bien rico, cosa de que no se le engome.

 Mima mi pelito tiernamente, con muchísimo amor. Me encanta.

 Pero, pocas caricias después, la usa para ahogarme con su pija gorda.

 Me hace llorar con su poronga, pero es de esas lagrimitas que me encantan.

 Me hace tener arcadas con su chota, pero son de esas que amo tener.

 Al largársela, mi boca y su verga, estábamos unidos por veinte litros de baba.

 Su falo estaba envuelta en toda la agüita tibia que salió de mi boca.

 No paro de petearlo, sin piedad. No lo largo ni un segundo. Quiero hacerle ver las estrellas.

 Mueve su pelvis para cogerme la garganta. Excelente idea.

 Mis labios, deslizándose por su tronco venoso, al unísono que su pelvis, le daba unas sensaciones especiales. Le encantaban, lo volvían loquito, era como si me garchara el orto.

 Sus gemidos son música para mis oídos, me los endulza el guacho. Me recontra calentaban. Mal.

 ¡PLAF! exclaman mis nalgas al sonar contra sus dedos inquietos. Era un chasquido excitante.

 Al fin, la leche comenzó a brotar, como si de un volcán erupcionando se tratara.

 Dios, qué rica sabía su lechita. Calentita. No era ni muy ácida, ni muy amarga. Mitad y mitad.

 Lo que cayó en mi lengua, fue empujada por mi garganta hasta llegar a su nuevo hogar: mi estómago.

 La poca mema que no logró ser tragada, fue a dar a su pancita. Pero la limpié con la lengüita.

 Se relajó. Sus brazos tocaban punta a punta a ambos lados. Estaba feliz. Qué buena forma de arrancar el día.

 -"¿Querés café?", le pregunto.

 -"Por favor. Después de ese lechazo, necesito algo fuerte que me levante", exclamó.

 Me levanté, le di un besito en la frente y me fui a prepararle el desayuno.

 Una vez más me fichó el orto mientras desaparecía de su radar de vista. Alto degenerado insaciable.

 Con su remerita puesta, dejándole mi perfumito y el aroma a sexo que teníamos, lo dejé en la cama.

 Yo ya había desayunado leche, pero... un segundo desayuno, nunca viene mal.

 Tomamos unos ricos café bien calentitos, unas medialunas y nos preparamos para ir al laburo.

 Le presté algo de ropa que tenía y me puse una distinta al día anterior, para que nadie flashee que estuvimos juntos.

 Nos fuimos a agarrar la pala para ganarnos el pan de cada día.

 El día fue bastante normal. Pero mas normal de lo normal, como si no hubiera pasado nada el finde pasado. Me desconocía el guacho.

 No hubo nalgadas, no hubo caricias, no hubo mimitos, ni besos en la comisura, nada de nada.

 Llegué a pensar que, como ya se deslechó, ya está, no pasaría mas nada y me olvidaría. Pasaría página.

 Aquel martes, a la salida del trabajo, nos fuimos juntos por el mismo camino, pero separados.

 Lo mismo pasó el miércoles, jueves y hasta el viernes durante nuestra jornada laboral.

 Me empecé a hacer a la idea de que ya está, ya fue todo. Era mi compañero de laburo y nada más.

 Era un saludito de "hola", un par de chistes con los compañeros, ayudarnos y otro besito, pero del adiós.

 Ese viernes a la noche, cuando estábamos en la esquina, esperé a que quedásemos solos para encararlo.

 -"¿Qué carajos te pasa que me ignorás tanto, pendejo del orto?", arranqué.

 Creí que aceptaría que ya no pasaría mas nada, que solo sería un revolcón, pero se ve que no... pues, me salió del alma preguntárselo. Al menos que me deje despedirme y ya está. Algo.

 -"Es que no encontré momento adecuado para que hablemos", prosigue.

 -"¿Como que no, y a la salida? Me ignoraste todo el tiempo", le digo indignada mientras le pego en el brazo.

 El golpe fue como una caricia para él, ya que fue despacio. Para colmo, él es mucho mas grande que yo.

 -"¿Tenés novia o algo así?", seguí.

 -"No, nada que ver. Ni ahí".

 -"¿Entonces?"

 -"Quería que chongueáramos en silencio, a escondidas, sin que nadie se entere".

 -"Y yo también, pero no era para que me dejaras así, pelotudo. Al menos, decimelo", le digo susurrando, pero queriendo gritarle.

 -"Te lo estoy diciendo, tonta. ¿Querés hacer algo? Vamos a un bar a tomar algo. Ya cobré", me invitó.

 -"Bueno, dale. Sí, te fajé yo".

 Me abrazó y nos fuimos a un bar buenísimo que estaba a un par de cuadras.

 


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