Auto-satisfacción.
Madrugada en la ciudad de Buenos Aires. Con mis amigos (y amigos de ellos), salíamos de un boliche, cagándonos de la risa. Estuvo piola. Entre todo ese grupete, se encontraba el Pela, uno de los que eran amigos de mis amigos. Era un pelado, como bien lo indica su apodo, grandote, estaba lindo en líneas generales. Nos pusimos a charlar por un buen rato y entramos en confianza muy rápido. En el boliche, nos tomamos unas ricas frescas y bailamos como dos locos al compás de la música. Le moví la cola bien pegado a su entrepierna, casi que no podíamos distinguir dónde terminaba uno y empezaba el otro. De todas las nuevas personas que conocí esa noche, fue el más copado de todos. Posta. A la salida, como ya era muy tarde y los bondis ni transitaban, decidimos pedir un remis. Nota aclaratoria para los no argentinos, o que sean muy fetos: un remis, es un Uber antiguo, que se pedía llamando a una agencia de remises. El tipo llegó ...