Entradas

Mostrando entradas de junio, 2023

Sentado en el Pinocho.

Imagen
 Otra vez me encuentro contando historietas de cuando animaba fiestitas , pero... esta vez, fue diferente. Leo, mi chongo de por aquel entonces, se había disfrazado de Pinocho. Harto del calor que le generaba el traje de Pluto, probó con el del muñeco mentiroso (se sentirá aludido? Tal vez).  Como el disfraz constaba de un short con tiradores, una camisa amarilla y una nariz larga, no tuvo drama en aceptarlo. Por tener ciertas complicaciones para sacárselo por si quería hacer pis, se hizo poner una bragueta hecha y perfectamente oculta.  El mío, era el de la Chilindrina (sí, vestidito, medias, zapatitos, colitas -chuletas, cola de caballo, o como les digan en su país- en el pelo, anteojitos y, en el rostro, maquillaje con pequitas incluídas). Como mis compas sabían cómo era, me exigieron que, debajo de mi vestidito, usase un shorcito (tal cual lo tenía el personaje). Obviamente que eso iba a hacer. Estaba frente a nenes.  Para saber cuál me había puesto, debían espia...

La parada II.

Imagen
 Capital Federal. Dos jóvenes en una madrugada de domingo. Esos muchachos, obviamente, éramos Brian y yo.  Aún la oscuridad azotaba a la ciudad. Las calles que nos rodeaban, estaban totalmente desoladas. Sin un alma que se vea en las cercanías.  La salida con él, estuvo espectacular. Primero al cine, luego a cenar, y terminamos en un bar que se hacía boliche. Uno que pasaba bastante cumbia.  Yo me encontraba relativamente cerca de casa. Él no. Debía tomarse un colectivo que venía cada muerte de Obispo, pero no le quedaba otra.  En la parada, a pesar de no haber nadie allí esperando, se notaba que los bondis no pasaban hace rato. Claro, después de las doce, lo hacen cuando quieren. No les importa nada.  Por suerte, la misma parada, constaba de un techo y un banco. Esas modernas que hicieron. Nos pudimos sentar allí para conversar un poco.  Lo loco fue que nos portamos bien toda la velada. Ninguno se puso mimoso. Eso era algo rarísimo.   Todo d...

La parada I

Imagen
 En una de las tantas salidas con Lechu (alias Brian (?)), otra vez nos fuimos a bolichear, tal y como la primera cita, pero solos. Nada más que, en esta oportunidad, no nos tocamos dentro. No nos calentamos tanto (al menos no, hasta ese punto). Fuimos a bailar, tomar, escuchar algo de música, charlar y listo.  Nuevamente, de camino (a la salida del antro), nos pusimos melosos y mano larga, por lo que lamentábamos que nos tuviéramos que separar. Como estábamos un poco picados, aprovechamos ese rico mambo. También la soledad que abundaba en ese lugar. Solo los grillos nos hacían compañía.  "No es necesario que te vayas, vamos a casa -me susurraba-. Dale, quedate a dormir". No paraba de tentarme el muy maligno. Eso generaba que, por mi cabeza, rondaran ideas. Las ganas no me faltaban.  Parecía el típico diablito de las caricaturas, que aparece encima de los hombros de los personajes.   Me manoseaba por detrás y, así, me transportaba al lugar más excitante del...

Lachu y Lechu.

Imagen
En esta narración, voy a contar de la única vez que tuve un apodo. El sobrenombre en cuestión, era el de "Lachu". El muchacho al cual se le había ocurrido, era mi " Wapijudo ", del relato anterior.  Todo se gestó una tarde que nos juntamos en su casa, pero para una visita normal, nada XXX. Claro que, viniendo de mí, era evidente que nunca cumpliría esa expectativa. Tremendo iluso era. Llego a su casa, me abre la puerta, atravesamos el enorme patio que tenía y, por fin, estamos.  Como un enorme spoiler a esta historia, Brian, tenía la pava hirviendo (estaba por tomarse unos mates, no mal piensen, che). La saca, la vierte sobre el termo y se prepara unos ricos. Yo solo le comí dos churros que tenía por ahí.  En cierto momento que me dan ganas de echarme un cloro, el muchacho chusmea el celular. No solo se percata de que tengo banda de chongos, sino, que, además, se ve agendado como "El wapijudo". No era muy complejo avivarse de que algo le pasaba, porque cam...

El wapijudo.

Imagen
Una noche, que fuimos a Soul Train con unos amigos, me crucé con el wachiturro de mi vida. El "Brashan" definitivo. El que me flechó no solo el corazón.  Ya me había fichado fuera del recinto. Cuando me encontraba hablando con mi gente, hasta que, nuestras miradas, se cruzaron. Estaba sentado en el piso, con otros pibes mas. Escabiando algún fernet que tenían por ahí. Pasándoselos el uno al otro. Yo le pispeaba la entrepierna sin carpa. Lo notó. Se manoseaba el amigo, con las piernas bien separadas, para permitirme contemplarlo en su totalidad. Él me relojeaba de arriba a abajo, hasta detenerse en mis posaderas cubiertas por un pantalón. Me daba vueltas a penas, para que lo pueda hacer con comodidad. Al fin entramos. Nos buscamos inmediatamente. Quisimos tener mejor percepción el uno del otro. Era hermoso. A pesar de las luces, detrás de todo ese camperón enorme, esas altas llantas, esos piercings en la ceja y esos tatuajes tumberos, tenía un magnetismo poderoso que se adueñó...