La de mi boca y esa.
Mis amigos me dicen de ir a una fiesta. Acepto, obvio, estaba re aburrida. Pero el problema es que quedaba requete lejos. Entonces, les pido, por favor, si alguno me puede venir a buscar para ir juntos. Ninguno puede, ya que les queda más cómodo ir para allá directo, que venirse y volverse. Alto bajón. Llegué a pensar que no podría ir, porque el lugar donde lo harían me quedaba, no solo lejos, sino que, además, a trasmano. Alto garrón, casi que me resigno a la puta idea de no poder ir, así que... les avisé que no iría. Ya fue, pensé, otra vez será. Hasta que entró mi hermanastro a casa, y sí... tiene auto, obviamente. Deja su ropa acomodada sobre la silla, se lava las manos, se pone algo más cómodo y se dirige a su habitación, para arrojarse plácidamente sobre su cama. Estaba cansadísimo. Se le notaba a leguas, pobre muchacho. Pero bueh... necesitaba ir a esa fiesta si o si, no se dará en otra oportunidad. Voy corriendo hacia él para pedirle por favor que me ayud...