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Mostrando entradas de julio, 2025

Precalentamiento.

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 Entré al cuarto de mi hermanastro, descaradamente (como si fuera mi habitación), sin pedir permiso ni nada. Andaba apurada. Debía ir al Gym y, si salía ahí nomás, llegaba unos escasos minutitos antes.  No me importó estar con las calzas negras, esas que uso siempre para ir a entrenar. Esas que se me pegan al cuerpo y dibujan tal cual, cada curva. Me adentré de todas formas, estaba apuradísima.  Deslizo despacito la puerta del placard, de esos que están adheridos a la pared, y ahí me pongo a buscar las hermosas zapas que necesito para llevar a cabo mi tarea. Por suerte, lo hallo todo al toque.  Sin importarme absolutamente nada, ni creer que me encontraba bien acompañada, paro la cola, mientras rebusco en cada rincón que posea el mueble y que pudiese ocultar mi preciada prenda.  Al agacharme, se abren. Entonces, se ponen gordas, desde su cama. Es que, por la perspectiva, se podía contemplar en su totalidad. Pero bueno... esperaba estar sola en ese preciso instan...

Un rapidito.

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 Una gran columna que abarcaba bastante espacio en la casa de mi novio de ese entonces, fue suficiente para usarlo como un caño para hacer Striptease. Mucha imaginación requería, obvio, pero yo la tenía.  De espaldas a él, me dejé arrastrar completamente por la sensualidad que emanaba la música que sonaba de fondo y me puse a revolear la cola como nunca. Esto, delante de sus curiosos ojos, obvio.   De un lado al otro iba mi endemoniado culito, que hipnotizaba la atenta mirada que Joni largaba. No los quería despegar, quería ver cuál era el siguiente movimiento que ejecutaría. Ni siquiera pestañaba.  Para colmo, tenía puesta unas infernales calzas grises que amaba mi chico (eran sus favoritas). Eran unas que dibujaban cada contorno de mis caderas, cada curva que conformaban mis nalgas, al ras.  Le encantaba verme ir bien hasta abajo, con las piernas separadas (sobre todo, si paraba la colita). Ese solo movimiento, lo ponía loquito y me hacía notar la tremend...

Osito cariñOSITO.

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 Me despierto. Busco desperezarme rascándome los ojos con las manos formando un puño. Me cuesta, pero lo logro. De a poco, me va cayendo la ficha y entendiendo todo. Estaba re dormida mal.  En una silla que hay en mi habitación a los pies de mi cama, encuentro un oso gigante. Tenía un tamaño casi humano el hijo de puta. Bah... era más grandote que yo (eso no es mucho). Una locura ese oso.  Salgo de mi cama, asustada, para acercármele. Lo observo con total atención, en cada detalle. Quería saber minuciosamente cómo era, para comprender algo que ni yo sabía qué quería comprender.  "¿De dónde venía? ¿Quién me lo mandó? ¿Por qué me lo envió? ¿Para qué?", eran las preguntas que surgían en mi curiosa mente. Yo, chongo, no tenía. Era imposible que fuese alguien con esa intención.  Se le cae algo que sale rodando por el suelo, lejos de nosotros y quedar debajo de la mesita de luz que tenía en la otra punta de la habitación. Era un anillo precioso que le salió de la mano...

Carita sucia.

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 Caí de bruces sobre mis rodillas. No me importó, total, ya estaban acostumbradas a amortiguar ese tipo de golpes. Solo me interesaba lo que estaba a punto de hacer. La concentración estaba ahí.  Sus pantalones y boxers también cayeron, pero fueron frenados por sus pies, sus zapatillas. Quedó, al fin, al aire su tremenda verga que rondaría los diecinueve centímetros (más o menos).  Dani, que era mi hombre, estaba plácidamente sentado en la silla del cuarto, se preparaba para sentir el peteco de su vida (o, por lo menos, eso es a lo que yo me mentalizaba, a volverlo totalmente loco).  Le agarro la pija. Le paso la lengua por la parte inferior de su exquisita chota, desde la base hasta el frenillo aproximadamente. Lo vuelvo loco, lo hago estremecer de un solo lengüetazo letal.  Mis ojos se adhieren a los suyos de inmediato, como si estuvieran pegadas de alguna forma. Mientras le aplico la rica lengüetada que le venía pegando. Eso le encantó. Fue un plus tremendo. ...

Broma culinaria. Termina mal.

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ADVERTENCIA : El siguiente relato, contiene un final un tanto asqueroso. Si tiene estómago sensible, estimado lector, absténgase a leerlo. Ah, se hacía la que alguien leía esta porquería. Bueno, en fin, si, a pesar de esto, leíste igual, jodete.  Casa de mi amiga. Me encontraba con ella y su novio. Ellos estaban en el dormitorio, el piso de arriba. Yo, estaba en la cocina, el piso de abajo. Recontra tranquila, preparándome algo para lastrar; unos ricos sanguchitos. Moría de hambre.  En eso, Martín bajaba, desperazándose. Una pereza tenía, que me la iba a contagiar si seguía así, pero bueh... igual se veía hermoso con esa remera ajustada que le marcaba los pectorales. Me babeaba toda mirándolo mientras me hacía la que cocinaba.  Trataba de coquetearle, pero, a la vez, no podía, era el novio de mi amiga. La maldita consciencia me obligaba a portarme bien. Después me acordé que me había cagado un chongo la hija de puta, así que... continué urdiendo mi maléfico plan.  Ma...

Nuevo novio.

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 Arranco la publicación con una linda aclaración: esto, que estoy por contar, no es un relato fantasioso. Es una anécdota que me sucedió en un viaje que hice a la Costa, con mi vieja, mi señora madre.  Resulta que, como ya dije, viajé con mi madre a la Costa (más precisamente, a Mardel), a una casa que habíamos alquilado por una semana y pico. No recuerdo cuánto fue la cantidad, pero fue algo así.  El barrio era algo fulero. No me había gustado tanto. Pasa que estaba acostumbrada a parar en el centro, a unas pocas cuadras del mar. Dentro de todo, esa zona es bastante agradable a la vista.  A la que fuimos ahora, estaba rodeado de casas viejas, de apariencia dejada. Para colmo, había llovido, por lo que el suelo estaba empapadísimo y, en el aire, se percibía la humedad que queda tras la tormenta.  Encontramos la casa. Tocamos timbre. Nos atendió la dueña. Nos mostró todo el lugar y, tras esto, la debida llave que nos permitiría cerrar con cuidado el bendito hogar...