Precalentamiento.
Entré al cuarto de mi hermanastro, descaradamente (como si fuera mi habitación), sin pedir permiso ni nada. Andaba apurada. Debía ir al Gym y, si salía ahí nomás, llegaba unos escasos minutitos antes. No me importó estar con las calzas negras, esas que uso siempre para ir a entrenar. Esas que se me pegan al cuerpo y dibujan tal cual, cada curva. Me adentré de todas formas, estaba apuradísima. Deslizo despacito la puerta del placard, de esos que están adheridos a la pared, y ahí me pongo a buscar las hermosas zapas que necesito para llevar a cabo mi tarea. Por suerte, lo hallo todo al toque. Sin importarme absolutamente nada, ni creer que me encontraba bien acompañada, paro la cola, mientras rebusco en cada rincón que posea el mueble y que pudiese ocultar mi preciada prenda. Al agacharme, se abren. Entonces, se ponen gordas, desde su cama. Es que, por la perspectiva, se podía contemplar en su totalidad. Pero bueno... esperaba estar sola en ese preciso instan...