Callejera.
Sábado de joda con uno de mis amigos, en su casa.
Como no tenía nada para hacer, acepté la invitación.
Jugamos unos jueguitos en la Play y tomamos cuatro o cinco birras (bah... yo me las tomé).
El tema era que se sentía un poco mal, al punto de vomitar. Entonces, salí temprano.
Eran tipo dos o tres de la mañana. Agarré una birrita que sobró y partí hacia mi casa.
Qué bodrio volver a esa hora. No quería, pero no me quedaba otra.
Cada pasos que daba, empinaba la botella y chupaba de lo lindo. Qué manjar.
Recordé que, de camino, tenía la plaza principal de su barrio, así que... encaré hacia allá.
Medio que dudé por un momento ir para esos lares, ya que mis fachas no eran las mejores.
En la parte de arriba, tenía una campera ADIDAS azul, que, a duras penas, pasaba mi colita.
En la parte de abajo, solo unas medias portaligas violeta de red, que adornaban mis piernas.
Es que fui pensando en que cogeríamos con mi amigo, pero... se sentía tan mal, que no pasó nada.
Me dejó con las ganas de un rico polvo, pero bueh... pobrecillo, no lo puedo culpar tampoco.
Para colmo, el alcohol no me calma, me pone mucho más putita de lo que ya soy.
Las veredas estaban más iluminadas por las luces de las vidrieras de los negocios, que por los postes.
En la esquina que estoy por llegar, había una pareja que discutía en voz alta. No les importaba nada.
Se decían de todo, a los gritos, pero no les presté atención. Yo estaba en mi mambo.
Algunos metros de pasar la esquina, el chabón la mandó a la mierda y empezó a caminar detrás mío.
A pesar de estar dándole la espalda, sentía su mirada sobre mí. Me sentía observada por ese hombre.
No sé por qué me pasaba eso, pero me pasaba. Percibía su atención centrada en mis partes traseras.
Anduvimos distanciados un par de metros por casi una cuadra, aproximadamente.
De pronto, una voz de hombre, que vino de atrás mío, me dijo lo siguiente:
-"Eh, amea, alta burra tené".
Esta poesía de alto vuelo, conmovió mi alma con dicha, haciéndome girar la vista hacia atrás.
Lo espié por encima de mi hombro y le sonreí con el fin de saludarlo.
Esa voz le pertenecía a un wachiturro, vestido totalmente de ADIDAS. Peor que yo.
Empecé a levantar mi camperita despacito, pero sin carpa. Quería que se percate de ello.
De a poquito, mi cola se iba destapando, hasta quedar completamente a la vista.
No sé si fue el escabio que me desinhibió, sus formas, o mi lado putita la que me empujó a hacerlo.
Como ya me venía fichando la cola de hace varios metros atrás, algo se le había parado. Pero cuando le mostré un poquito más, se le puso durísima.
Que se la muestre de esa forma, fue el pie perfecto para que se baje los pantalones y quede en pija.
No se la escupió, tampoco le tiró un garso a mi agujerito, ni nada. Simplemente se la agarró, la guió hacia mi culito, apuntó y se puso a serrucharme el ojete como quiso.
Ni un "hola, ¿cómo estás?", o un "¿cuál es tu nombre?", nada. Fuimos a los bifes directos.
Me incliné un poquito, paré la colita contra una parecita que sobresalía de una casa (que nos brindaba un interesante escondite de amor en la oscuridad) y me dejé hacer el orto de inmediato.
Sujeté una de mis nalgas con una mano y permití que me la meta con su enorme miembro.
El chabón, antes de hacerme la cola, la movió como si me la rascara con la verga. Muy rico todo.
Ahora sí, ya estaba entrando y saliendo de mi culito. Sin más preámbulos.
Ni bien me empezó a coger, giré la cabeza de nuevo y lo pude ver frente a frente con mayor detalles.
Era un flacucho, alto, morocho, con varios tatuajes hasta en las manos. Lo miré bien mirado.
Me miraba desde allá arriba, con sus ojitos negros achinados y cara de seducción.
Se mordía los labios, se los humedecía también. Dios, qué hombre.
Agarraba mis caderas, para bombearme el ojete con mayor comodidad.
Levantaba mi camperita para poder ver mejor la rayita de mi colita. Alto mirón.
Chocaba su pelvis contra mis nalgas, con muchas ganas. Estaba como loco.
A su vez, no perdió el tiempo y empezó a acariciar mis senos, para sentirlos bambolear.
Jugueteaba con mis pezoncitos rosados y eso me gustaba muchísimo más.
Qué rico era sentir esa pija adentrándose entre mis nalgas gordas con cada empujón que me propinaba.
El ruido que hacíamos me calentaba muchísimo más. Me volvía loquita de ganas por chota.
Pese a eso, procurábamos no hacer quilombo, porque estábamos parados frente a una casa.
No queríamos ser capturados en pleno garche. No daba que nos corten el mambo, sinceramente.
En un momento, dejó de importarle los vecinos y empezó a bombearme el ojete con mas ganas.
Le pedí que baje un poco la velocidad, pero no me hizo caso. Siguió garchándome como un loco.
Solamente se detuvo, cuando se le escapó la poronga de entre mis cachetes, pero la cosa siguió al volverlo a poner en su lugar.
El placer, me cerraba los ojos. No lo hacía queriendo. Lo hacía sin pensarlo.
No sé cuánto tiempo estuvo culeándome así, en esa pose, pero seguimos dándole un buen rato, hasta que me pidió que le haga un pete.
Supuse que estaba por acabar, así que... me la saqué del orto y me agaché al toque para mamársela.
Al fin la pude ver frente a frente. Qué hermosa pija tenía ese loco. Rondaba los 19 cms maso.
Disfruté de su glande arremangado, haciéndole cosquillitas con los labios.
Fui devorando cada vez más centímetros. De a poquito. Había que disfrutar.
Pude notar que tenía más tatuajes, no solo en los brazos y las manos. También en el torso.
Estaba venosa. Ligeramente encorvada hacia abajo. Cabezona. Con la cabeza brillosa.
Se ve que el flaco estaba podrido de lo poco que lo cogoteaba, porque me agarró de la nuca y empezó a empujar un poco más hacia él.
Esto me hizo deglutir más de la mitad de su chori de un solo empujón.
Encima, él también movía la pelvis, como para pegarme una buena garchada en la boca.
Estuve a nada de tragármela entera. Por Dios, casi que le respiraba en su pelvis.
De un empujón, su manguera empezó a mojarme de su rica agüita blanquita.
Salpicaba mi lengua con varios de los lechazos que salieron sin compasión.
Fueron tantas, que tuve que abrir la boca para que no me la inunde. Pobrecilla de mí.
Así fue como algunas gotas rodaron de mi lengua, para caer por mis labios y balancearse en mi mentón, hasta estrellarse violentamente contra el suelo.
Otras, simplemente quedaron colgando de la comisura de mi jeta.
Limpié todo rastro de semen que quede en su glande o cualquier parte de su pija, con la lengua.
Se la dejé resplandeciendo de lo impecable. Casi que podía reflejarme en ella.
No podía creer lo que acababa de pasar. No lo busqué, nada más se dio.
El loco se subió los pantalones de una, no daba que alguien pasara y lo encontrara así.
Yo me tomé la leche que me quedó colgando, me acomodé la campera e hice de cuenta que no pasaba nada. Soy una campeona en eso.
-"¿No me convidá birra, amea?", me tiró el flaco.
-"Sí, de una. Yo ya no quiero, ya tomé bastante. Estoy llena", le contesté con una sonrisa atrevida.
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